Los pagos vía móvil se estimularán gracias al miedo a tocar efectivo

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Aunque no hay pruebas de que el dinero en efectivo corra el riesgo de transmitir COVID-19, insistir en la higiene y el lavado de manos y evitar el contacto con las distintas superficies y los objetivos conduce a la conclusión de tocar lo menos posible el dinero.

Incluso en el momento de pagar. En la práctica, una de las primeras medidas adoptadas por los bancos tras el inicio del estado de alerta fue aumentar “temporalmente” el límite de pago para el uso de tarjetas “sin contacto” de 20 a 50 euros, de modo que no haya necesidad de teclear el PIN.

Cabe mencionar que cuando se utiliza un teléfono móvil para hacer pagos a través de un sistema como Apple Pay o Samsung Pay, no es necesario introducir un código PIN.

Aunque cada vez hay más tiendas que, antes pedían la tarjeta aún siendo contactless, ahora están más dispuestas a acercar el datáfono desde detrás de la mampara, esto no interfiere en en su funcionamiento, cuando el precio a pagar es inferior a 50 euros.

Las grandes empresas de tecnología como Apple, Google, Samsung e incluso Facebook (con libra y a través de WhatsApp) han estado atacando el sector financiero durante años con sus problemas de seguridad, privacidad e incluso la aparente complejidad y los inconvenientes de “compatibilidad” que implican sus ofertas.

Sus deficiencias hasta ahora los han dejado algo perdidos, pero pueden encontrar nuevas oportunidades en el período posterior al coronavirus si se consideran desde la perspectiva de la salud y la seguridad.

Algunos expertos coinciden en que muchas personas desarrollan lo que se conoce como “síndrome de la cabaña” como consecuencia del tiempo de confinamiento, que incluye no sólo el miedo a salir, sino también cierto temor al contacto con otras personas y al uso del transporte público. Y tocar las cosas.

Así pues, aunque no llegue necesariamente al punto de ataques de pánico por la suciedad, es probable que la crisis sanitaria haya aumentado en cierta medida la conciencia social sobre la higiene y la salud, lo que a su vez ha provocado cierta preocupación por la suciedad y las bacterias en algunas personas. Tanto es así que prefieren los pagos móviles “cara a cara” para no acercarse demasiado a nadie y no tener que teclear, tocar, escribir o firmar.

Una era de medidas de seguridad “temporales” -como el experimento del mono y el plátano, y lo que ocurrió en China hace 15 años- se convertirá con el tiempo en un cambio permanente que beneficiará los pagos digitales y móviles, también del comercio electrónico.

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